Volvemos a una de las sidrerías de la III Sagardo-Bira en su XXX aniversario, 10 años después de la última vez.
Asistentes: Lu (la nueva quinceañera), Celia (la cuarentañera), Edu y Nesss (los prejubilados).
De comer, sendos botes inviduales de zurrukutuna (sopa de ajo con bakalao) por cortesía de la casa; al no ser del gusto de Lu (que se enfrenta por primera vez a un menú de persona mayor, aunque toma agua de jarra al no ser mayor del todo) Celia disfruta de doble ración. Destacamos las servilletas de tela verdiblanca. Además del pan, tan pijo como rico (que luego cobraron a buen precio, aunque tenía su explicación), nos sacan una tortilla de bakalao bien amarilla y jugosa (como la anterior vez), de buen tamaño y muy rica. Posteriormente, mitad de bakalao en salsa y frito (sin la disparidad de tamaños de un tipo al otro de antaño); aunque ambas opciones estaban ricas, el tikismikis de Edu señala, a pesar de ser muy purista, que la salsa estaba perfecta; Celia debía opinar igual pues practicamente se la acabó a cucharones, mientras que Lu por su parte justo probó el bacalao, que tampoco era santo de su devoción, por lo que los demás nos ponemos finos (más bien, gordos). Tras el consabido tiempo muerto que pedimos (cuando sacaron el bacalao sólo llevábamos media hora en la sidrería), nos sacan un txuletón ya cortado, que quizá pecaba de demasiado poco hecho por lo que pedimos hacer más unos trozos para Celia, que degusta con ansiedad y eficacia tras la espera. Acordamos pedir un segundo txuletón, similar de tamaño y presencia pero esta vez quizá demasiado hecho, nos gustó más el primero (en total pesaron 1,89 kg.); hubo tocadas de armónica por parte de todos. De postre, cuatro triángulos de queso, seis trocitos de membrillo, y un cesto de incontables nueces vascas (que acabaron causando estigmas presemanasanteros en algunas manos), cuatro tejas y cuatro cigarrillos de Tolosa. Descubrimos entonces que se podía repetir pan a discreción; eso se dice antes, coñe, cuando el bakalao en salsa, por ejemplo... Nesss solicita permiso para sentarse un poco, el cual le es concedido. Al final, nos cobraron 171,72€ en total (42,93€/cada), tras reclamarles que nos habían apuntado cinco raciones de bakalao en salsa en lugar de dos (lo que rebajó 24,75€ de los 196,47€ iniciales); este año las sidrerías de Hernani se empeñan en cobrarnos de más, nunca de menos, vaya racha... En cualquier caso, todo muy rico, justiprecio (imbatible el precio de la sidra) y eso que, en parte gracias a Lu, algunos comimos de más.
Alucinamos con toda la gente que hay para ser martes noche, no víspera de festivo: el comedor principal a tope, unos 80, nos dijeron, y camino de la zona de kupelas metálicas, una parejita en un sitio aparte que a Edu le parecía muy desangelado (estaban solos al lado del paso de los bebedores y sin el calefactor se habrían congelado). Arriba tienen sitio para más mesas, pero ese día estaban vacías porque nos dijeron que el martes era el día más flojo, que el resto de días hacen lleno total. Impresionante, nos alegramos por ellos.
Nesss señala a Edu aquel que fue el ideólogo de la sidra en copa, el cual no predica con el ejemplo, pues bebe de vaso; además de feo, qué verguenza y qué poca formalidad, desde luego... En la segunda sala de kupelas metálicas, tras el laberinto del Txinotauro, las aglomeraciones eran tales que la gente no atinaba a apartarse para que más gente que venía detrás pillase el chorro a tiempo. La queja de Nesss hace que unas maduritas que habían provocado tapón pregunten a Edu si Nesss es de Ataun (sin tomate), relación que no acabamos de pillar del todo. Justo en esa entrada Celia rompe un vaso (que ya comienza a ser un clásico) lo que provoca que el txotxero delegue en otro mientras va a por el motxo para recoger los cristales. Cierran los txotxes a las 23:30, tal y como indicaba su horario (claro, a la velocidad que sacan la comida...) y salimos de los últimos tras solicitar un último trago, con algunas nueces y un trozo sobrante de queso y pan en los bolsillos.